NORMAL VS ANORMAL

Por Carla Rosales

Hablemos de un tema que en general a la mayoría de los padres nos provoca ansiedad. Que alguien nos diga que nuestro hijo no es “normal”.

No es lo mismo que nos lo diga alguien de la familia o amigos a escucharlo de boca de un médico, psicólogo o de los maestros de nuestros hijos, porque cuando un profesional lo dice es que seguro algo no anda bien ¿cierto?

Pues les tengo una buena noticia, esto es cierto en parte solamente. Tomemos las cosas con calma y reflexionemos un poco sobre el tema.

En primer lugar subrayemos que de verdad no es lo mismo que lo diga el pediatra o que lo diga el maestro, pero, ¿exactamente qué significa?. Para responder a esto retrocedamos unos cuantos pasos.

Cuando hablamos de normalidad, también tenemos que mencionar a las NORMAS y de dónde salen. Las normas se establecen por medio de la ESTADÍSTICA (rama de las matemáticas que analiza los datos) midiendo una serie de valores numéricos y como se distribuyen, como por ejemplo la edad promedio de una población, el peso, o el coeficiente intelectual promedio en un lugar específico, pero no solo eso sino también las metas en el desarrollo, como a que edad gatean los niños. Esto se hace con diferentes herramientas y con métodos muy diversos, pero lo más importante es que se toman a muchos individuos y se miden, y usando fórmulas matemáticas se saca un promedio, o sea que no son al azar, ni nadie se las sacó de la manga. Pero este PROMEDIO depende de la población total, su cultura y desarrollo socioeconómico, además estudios se hacen con personas que tienen características similares. Así las normas se convierten en lo que se espera de alguien y quienes cumplen con estas reglas se les llama normales.

Ahora sí, después de este breviario cultural, pasemos a lo que significa cuando hablamos con un médico y nos dice que el crecimiento de nuestro hijo no es normal o que no se está desarrollando normalmente. Por ejemplo, que no esté creciendo de manera normal significaría que, la mayoría de los niños Mexicanos a los 23 meses deberían pesar entre 10,5 kg y 13 kg, que es lo que se espera para su edad de acuerdo a la Norma Oficial Mexicana para el Control de la nutrición, crecimiento y desarrollo del niño y del adolescente, emitida por la Secretaría de Salud. Lo mismo sucede con el peso y las metas en el desarrollo.

Pero ¿qué sucede si está por abajo o por arriba de la norma?, bueno en ese caso es el mismo pediatra quién debe decidir la razón, ya que puede ser tan simple como un ajuste en la nutrición, tanto para el peso, la talla o hasta para el desarrollo o bien puede ser que requiera algún estudio necesario. Lo cierto es que antes de caer en el pánico y decir que tu pequeño (a) tiene algún problema primero platícalo a fondo con tu médico y ve las opciones de tratamiento.

El verdadero problema empieza cuando el psicólogo, el maestro o personas cercanas a nosotros aunque no sean profesionales del tema, lo dicen, porque estamos hablando conductas o bien cuestiones más abstractas con las que no estamos tan familiarizados.

Cuando el maestro lo dice, lo primero que debemos asegurarnos es si se refiere a sus calificaciones o forma en la que aprende, si este es el caso mi mejor consejo es llevarlo con un psicólogo o terapeuta de aprendizaje para saber qué está pasando. Si estos profesionales (cualquiera que sea el caso) encuentra algo fuera de lo normal, será él quien deba determinar a qué se debe y qué se puede hacer.

Lo más importante que tenemos que recordar siempre es que si el médico, maestro o psicólogo u otro profesional encuentra que algo no es “normal” con nuestros hijos, es porque no está dentro de la norma, pero con el tratamiento correcto para él, todas estas situaciones se pueden corregir o minimizar en el peor de los casos.

Por otra parte y hablando más bien en un lenguaje coloquial, cuando alguien dice que una persona no es “normal” nos estamos refiriendo a alguien que es diferente o “raro”, pero esto puede se r peligroso, ya que estos calificativos se refieren a algo “malo”, lo cual no es necesariamente cierto, aun cuando lo decimos para referirnos a personas con alguna discapacidad y aquí quiero hacer hincapié en que discapacidad no es sinónimo de malo, sino de diferente, y son personas que si bien no viven una vida como la de cualquiera las adaptaciones que hacen en su entorno les permiten una vida funcional y con calidad.

Pero regresemos al peligro que corremos al catalogar a alguien como “anormal”. Esta es una etiqueta que tiende a atrapar a las personas, que de acuerdo con el autor Carlos Skliar se les impone una identidad irreal de lo que se cree normal, de tal manera que en la sociedad a aquellos que pensamos como diferentes los aislamos. Lamentablemente existen personas con una mentalidad en extremo cerrada que no permiten que aquellos que no cumplen con su esquema de valores y creencias se integren a la comunidad limitando así la diversidad y la individualidad, evitando que personas que son “diferentes” se adapten a la sociedad. Un ejemplo de esto, aunque parezca burdo, se ve claramente en la película infantil “Horton y el mundo de los quién” (2008), en dónde el miedo a lo diferente provoca un gran alboroto llegando incluso a la violencia.

Y es que además no estamos acostumbrados a aceptar la individualidad, pues es por descabellado que parezca, tenemos un miedo creciente a lo que es diferente que no podemos superar y que si bien a lo largo de diferentes generaciones ha disminuido no ha desaparecido del todo. Un ejemplo de esto que quizá en la actualidad parece extremo  es que hace no más de 50 años no se aceptaba a las personas zurdas porque eran “anormales” y se les amarraba la mano izquierda para que aprendieran a escribir con la derecha, provocando confusión en el cerebro al cambiar la dominancia natural que éste establece. Quiero creer que esto no sucede más en la actualidad, sin embargo hay otras conductas que se tienden censurar en nuestros niños, como por ejemplo, cuando tenemos a un niño que es muy sensible a lo que se le dice o muy intenso para expresar sus sentimientos, tendemos a censurarlo y a pedir compostura, cuando si bien no todos los niños se comportan así, es parte de su personalidad; o siguiendo con el ejemplo de Horton a los niños con una imaginación muy activa y que de momento puede parecernos “raro” porque tiene muchos amigos imaginarios. Es por eso que hablar de estos temas se vuelve tan complicado, porque aunque en apariencia todos queremos ser únicos, en realidad queremos que el mundo encaje en un molde que hemos elaborado, lo cual es imposible.

Ahora bien, si es un término tan diabólico ¿por qué lo seguimos usando? La respuesta es que para los profesionales de la salud y de la educación las normas nos sirven como una herramienta para decidir en qué momento se necesita una intervención y poner la dirección de nuestros tratamientos, al final me puedo aventurar que lo verdaderamente anormal dentro del comportamiento es cuando un individuo no logra adaptarse a su entorno y esto le provoca un VERDADERO MALESTAR. Pero además quiero recordar que en la sociedad se establecen normas de comportamiento con la finalidad de preservar la vida y la calidad de la misma, evitando así que ciertos comportamientos dañen a otros individuos.

Además nuestra tarea como padres o educadores, en primer lugar es ser tolerantes frente a lo que no entra en nuestras normas personales, tanto con nuestros hijos como con los demás, pero también enseñar a mantener una mentalidad abierta a nuestros hijos para que valoren las diferencias. Recordemos que a lo largo de la historia aquellos que eran catalogados como “anormales” han sido personas que han sobresalido, no como una regla, pero si debe notarse que su capacidad para saber usar sus diferencias como fortalezas es lo que ha permitido el éxito. De modo que comencemos a pensar en lo anormal como algo único y si nuestro hijo es uno de los que no entran en la mayoría, aceptémoslo por quién es y no por quién queremos que sea, orientémoslo para que también se acepte a pesar de las críticas de la sociedad y para que descubra sus fortalezas en lugar de obligarlo a que se ajuste al molde de lo normal; pero también acerquémonos a quienes son distintos de nosotros y aprendamos de su mundo, pues tienen mucho que ofrecer.

REFERENCIAS

Baéz, J. (2012) Normalidad, Anormalidad y Crisis. Tesis Psicológica vol. 7 NO. 2. Universidad autónoma del Estado de México.

Horton y el mundo de los quién (2008) Blue Sky Studios y 20th Century Fox Animation y estrenada en cines por 20th Century Fox.

Marietan,H. (1991) Sobre los conceptos de salud/enfermedad- normalidad/ anormalidad. ALCMEON, Revista argentina de Clínica Neuropsiquiátrica 2:202-215

NORMA Oficial Mexicana NOM-008-SSA2-1993, Control de la nutrición, crecimiento y desarrollo del niño y del adolescente. Criterios y procedimientos para la prestación del servicio.

OMS http://www.who.int/topics/mental_health/es/

Skliar, Carlos. Poner en tela de juicio la normalidad, no la anormalidad. Políticas y falta de políticas en relación con las diferencias en educación. Revista educación y pedagogía vol. Xvii no. 41

Síguenos y compartenos:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *