OBSERVAR, ESCUCHAR E INTERPRETAR PARA SABER CUÁNDO ACTUAR (parte I)

Por Carla Rosales

Las habilidades de observación son una parte muy importante dentro de nuestra labor cotidiana como padres, hay veces en las que lo hacemos de manera tan inconsciente que lo llamamos instinto, como cuando percibimos que algo no es normal pero no podemos definir bien qué es. Me parece que este es un tema importante, ya que el mantenernos vigilantes de nuestros hijos nos permite levantar señales de alarma cuando algo no anda bien, por ejemplo cuando nos cercioramos de que su desarrollo está siguiendo el curso que debería; o prevenir situaciones que a la larga pueden resultar dañinas, como niños que sufren de bullying o desordenes emocionales, ya que desafortunadamente vivimos en una época en la que es prácticamente imposible controlar la información a la que están expuestos nuestros hijos, y gracias a la era virtual los peligros a los que están expuestos son enormemente diferentes a los que nosotros estábamos expuestos hace (digamos) 20 años.

Es por eso que debemos ser muy conscientes sobre quiénes son nuestros hijos y saber diferenciar su comportamiento normal de lo irregular, para así identificar anomalías que puedan estar afectando su comportamiento. Pero debemos subrayar que no es instinto, es una labor de mantenerse atentos a lo que les está sucediendo y tratar de conocer la esencia de quién son, porque seamos honestos, la mayor parte de las veces no van a decir directamente qué les pasa, ya que no vamos a ser sus mejores amigos (no es nuestro trabajo), sin embargo, conocerlos sí que lo es y a la larga va a traer muchos beneficios en tu relación con ellos saber de sus necesidades físicas y emocionales, pues podrás crear un vínculo honesto y de empatía que va a facilitar la comunicación más adelante, además de que te dará una pauta de cuándo es necesario actuar y te permitirá tomar mejores decisiones.

Ya hablamos de lo importante qué es el proceso de observación, pero hay algunas dificultades que tendremos que enfrentar; la primera de ellas que en ocasiones aunque  nos podemos describir como buenos observadores, nuestra percepción se  ve constantemente distorsionada por los trucos que nuestro cerebro nos juega o simplemente no somos demasiado observadores, como en el caso de muchos que pueden tener un elefante en la habitación y no verlo, pero no solo eso, sino que también nos olvidamos de tomar en cuenta la edad de nuestros pequeños y no sabemos exactamente qué observar. La buena noticia que tengo para ustedes es que como estamos hablando de habilidades, se pueden desarrollar y mejorar con la práctica.

Cuando hablamos de un proceso de observación, no es solo mirar lo que está pasando, sino también escuchar con atención y de ser posible usar el resto de nuestros sentidos para aprender sobre el mundo que nuestros hijos han ido creando, es decir la realidad en la que viven, pues recordemos que realidad depende del punto de vista de cada persona, de modo que nuestra forma de percibir el mundo es completamente diferente a la de ellos. No obstante observar y escuchar no es todo, pues en nuestro objetivo final se queda corto, de tal manera que también tenemos que saber interpretar lo que observamos (darle un significado) para reconocer en qué momento actuar y cómo hacerlo.

Como ya habíamos dicho la edad influye mucho en qué se observa y como se hace (tema que abordaré con mayor profundidad en el siguiente post), pero hay algunos consejos generales que pueden tomar en cuenta en esta tarea.

  • Usar todos los sentidos. Ya lo mencionamos, apoyarnos de todos nuestros sentidos amplía la información que obtenemos, por ejemplo, cuando tenemos un bebé sabemos que es tiempo de cambiar el pañal porque comienza a oler mal, o conforme agarramos práctica nos volvemos capaces de diferencias el llanto de nuestros pequeños (hambre, dolor, sueño), otro ejemplo es cuando podemos sentir la piel áspera o granitos aunque no se vean.
  • Tener en cuenta a quién se observa. No es lo mismo observar a un bebé, que a un preescolar que a un adolescente, seamos cuidadosos en este sentido y ajustemos nuestra actitud al acercarnos a ellos (cuando son dos o más) y en la medida en la que van creciendo.
  • Establecer una línea base. Este es un término que utilizan los investigadores, se refiere a definir lo que entra en lo cotidiano para poder identificar cuando algo es diferente. Es cierto que el comportamiento de nuestros hijos va a cambiar constantemente, de acuerdo a la etapa que estén pasando, pero nuestro temperamento puede ayudarnos a definir reacciones consistentes frente a sucesos específicos. También es de utilidad conocer sobre las etapas que cursaran y las conductas que se esperan. Otro elemento que puede ayudar es llevar un diario, este puede ayudar a ver con más claridad cómo se van dando los cambios progresivamente.
  • Ser consciente que puede haber choques culturales. Imaginemos por un momento que nosotros formamos una cultura y nuestros hijos otra, al momento de involucrarnos en su mundo se van a dar choques entre nuestras creencias y las que ellos se han formado, recordemos que LA ACTITUD lo es TODO y el respeto hacia ellos es crucial para nuestro éxito. Debemos hacer a un lado nuestros prejuicios y mantener siempre una actitud de aprendizaje, tratémonos a nosotros mismos como “los que no saben nada” para que ellos en su escenario natural nos muestren su realidad, de otra forma seremos capaces de observar pero no de
  • Utilizar diferentes ángulos. Veamos las cosas en diferentes ángulos y bajo luces diferentes, es decir pongamos atención a una conducta específica en situaciones diferentes o al relacionarse con personas diferentes, tomemos en cuenta factores extraordinarios que pueden afectar, busquemos la opinión de nuestro compañero (a). Todo esto va a mejorar la interpretación que demos.
  • Observación activa vs pasiva. Se puede hacer de ambas formas, esto depende en primera del nivel de acercamiento que nos permitan, pero también de la situación y de nosotros mismos, entiendo que después de un día largo no queremos involucrarnos demasiado, esto es válido e incluso sano dar a nuestros hijos espacio, observar sin actuar nos permitirá ver cómo se comportan sin nuestra influencia, pero también observar activamente o con un mayor grado de participación nos brinda mayor cantidad de detalles de lo que hacen y de lo que piensan.
  • Tener un objetivo. Este punto es de los más importantes, ya que observar por observar puede generar confusión, cuando tenemos un objetivo y sabemos qué estamos buscando podemos tener una idea más clara de lo que sucede y por lo mismo hacer una mejor interpretación.

Finalmente tenemos que tomar en cuenta que cuando aparece algo que no entra en la rutina “una golondrina no hace el verano”, es decir que todos funcionamos bajo patrones de interacción unidos entre sí, de modo que cuando existen alteraciones se ven afectadas conjuntos de conductas y funciones psicológicas. Por eso les pido que si hay algo que les haga levantar una bandera roja, busquen más (por sutiles que sean) y si las encuentran es momento de actuar.

 

Referencias

Evertson, C. y Green, J. (2009) Métodos cuantitativos 2; Cap XII La observación como indagación y  método. Centro de investigación y docencia. Secretaría de educación y cultura. Servicios educativos del Estado de Chihuahua.

Kawulich, B. (2005). Fórum quialitative social research. Volumen 6, No. 2, Art. La observación participante como método de recolección de datos 1.

Pardinas, F. (2005). Metodología y Técnicas de la investigación en ciencias sociales. Ed. Siglo veintiuno editores. México, DF.

Peretz, H. (2000). Los métodos en Sociología. La observación. Ed. ABYA-YALA. Quinto, Ecuador.

Portillo, I. (1998). Técnica de la entrevista psicodinámica. Ed. PAx México. México, DF.

Postic, M. Observar las situaciones educativas. Ed. Narcea. Barcelona, España.

Credito por las imagenes: Pixaby, Freeimages

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